El masaje que te ayudará a regenerar tu cuerpo

¿Cómo te sientes después de 2 años de pandemia?
¿Cómo crees que ha afectado la pandemia del coronavirus a los cuerpos y las mentes de la mayoría de las personas? ¡MUY MAL!
Este post pretende ser un punto y aparte para intentar dejar atrás esta pandemia y ayudarte a encontrar la manera de regenerarte. Porque nuestras células han quedado muy “tocadas” y ha llegado el momento de pensar en cómo queremos encontrarnos/sentirnos el próximo verano.

Muchas personas creen que para volver a “la normalidad” bastará con ir a machacarse a un gimnasio, o someterse al último tratamiento de estética, o pasarte a la dieta de moda. Todo esto suena muy bien, pero lo que no te imaginas es que una de las partes mayormente afectadas de tu cuerpo ha sido tu piel.

Después de la pandemia, ¿cómo está tu piel?

El estado de tu piel tras la pandemia

Te proponemos que conozcas una información básica sobre la piel para que puedas entender perfectamente la importancia de que la trates como se merece.
La piel es el tegumento principal. Está formado por 3 capas: la epidermis, la dermis y la hipodermis.

Los tegumentos son la cubierta exterior del cuerpo. Aseguran la protección del organismo frente a las múltiples agresiones del medio exterior. Están formados por la piel y diversas estructuras cutáneas o apéndices.

La piel está formada por 3 capas que proceden de 2 tejidos de diferente origen embriológico: el ectodermo y el mesodermo. Estas 3 capas de la piel son:

la epidermis (visible en la superficie de la piel);
la dermis (ubicada debajo de la epidermis);
la hipodermis (capa más profunda).

La superficie del tegumento es muy grande, comenzando por la de la piel que es de aproximadamente 2 m2, con un peso de 4 a 10 kg en los adultos. El grosor de la piel, de 2 mm de media, varía desde 1 mm a la altura de los párpados hasta 4 mm a la altura de las palmas de las manos y las plantas de los pies.

Capas de la piel

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La epidermis, la superficie de la piel.

La epidermis se encuentra en la superficie de la piel. Se compone de epitelio y células conectivas de origen ectodérmico. Es la principal estructura protectora del cuerpo.

La epidermis no está vascularizada.

Ciertas estructuras del apéndice están asociadas con él, como los apéndices de la piel (uñas, cabello, etc.) y las glándulas de la piel.

En la base de la epidermis se encuentra la capa basal. Está cubierto de células germinales llamadas queratinocitos (células que sintetizan la queratina). Con el tiempo, la acumulación de queratina en las células conduce a su muerte.

Una capa de células muertas llamada estrato córneo cubre la superficie de la epidermis. Esta capa impermeable protege al organismo y se elimina mediante un proceso de descamación.

Debajo de la capa basal epidérmica hay terminaciones nerviosas asociadas con las células nerviosas epidérmicas o células de Merckel.

La epidermis también tiene melanocitos que sintetizan granos de melanina que permiten la protección UV y dan color a la piel.

Por encima de la capa basal se encuentra la capa espinosa que contiene las células de Langerhans que cumplen una función inmunitaria.

Por encima de la capa espinosa está la capa granular (rematada por el estrato córneo).

Qué es la dermis

La dermis, un tejido de sostén

La dermis es el tejido de sostén de la epidermis. Está formado por tejido conjuntivo de origen mesodérmico. Parece más flojo que la epidermis. Contiene los receptores del sentido del tacto y los apéndices cutáneos.

Es un tejido nutritivo de la epidermis gracias a su vascularización: dotado de numerosos vasos sanguíneos y linfáticos, asegura el suministro de oxígeno y nutrientes a las estructuras del sistema tegumentario y el retorno de los desechos (CO2, urea , etc.) a los órganos depurativos (pulmones, riñones, etc.). También participa en el desarrollo de formaciones esqueléticas (por osificación dérmica).

La dermis está formada por dos tipos de fibras entrelazadas: fibras de colágeno y fibras de elastina.

El colágeno participa en la hidratación de la dermis mientras que la elastina le aporta solidez y resistencia. Estas fibras son secretadas por fibroblastos.

Las terminaciones nerviosas atraviesan la dermis y se unen a la epidermis. También hay diferentes corpúsculos:

corpúsculos de Meissner (sensibles al tacto).
corpúsculos de Ruffini (sensibles al calor).
Corpúsculos de Pacini (sensibles a la presión).

Finalmente, la dermis tiene varios tipos de células pigmentarias (llamadas cromatóforos).

La hipodermis, una capa profunda

Tejido adiposo. ¿Qué es?

La hipodermis está íntimamente relacionada con la piel sin llegar a formar parte de ella.

Está formada por tejido conectivo adiposo (de origen mesodérmico) tal como existe en otras regiones del cuerpo. Este tejido es como la dermis más laxa que la epidermis.

El tejido adiposo muchas veces se reduce a una simple acumulación de grasa de la que nos gustaría deshacernos, por motivos estéticos. Lejos de ser una entidad pasiva, este tejido adiposo es, sin embargo, un órgano por derecho propio que cumple importantes funciones fisiológicas.

El tejido adiposo está formado principalmente por células grasas, los adipocitos, de los que existen diferentes tipos. Hay dos tipos principales de tejido adiposo:

El tejido adiposo blanco (o grasa blanca), está formado por adipocitos blancos, triglicéridos, fibroblastos, macrófagos, células sanguíneas y endoteliales y pre-adipocitos.

En adultos, este tejido adiposo blanco representa del 15 al 20% del peso. Se distingue entre tejido adiposo blanco subcutáneo y tejido adiposo blanco visceral.

El primero se encuentra debajo de la piel, en las capas superficial y profunda. Se distribuye por todo el cuerpo, pero con diferentes zonas de concentración según el género: a la altura del vientre y los hombros en el hombre, por debajo del cinturón a la altura de los muslos, caderas y glúteos en la mujer.

Grasa abdominal después de la pandemia

Este tejido graso se utiliza para nutrir al feto en caso de restricción del aporte calórico durante el embarazo. Esta localización desaparece paulatinamente en la menopausia, favoreciendo la distribución abdominal. El tejido adiposo blanco visceral o intraperitoneal se localiza en el abdomen, detrás de los músculos abdominales. Representa del 5 al 20% del tejido adiposo total dependiendo de la persona.

Está involucrado en todas las actividades metabólicas y es particularmente sensible a la insulina.

El tejido adiposo pardo (o grasa parda) está formado por adipocitos pardos. En humanos, está presente principalmente en el feto y el recién nacido.

El tejido adiposo es un órgano por derecho propio que realiza diferentes funciones dentro del cuerpo dependiendo del tipo de tejido de la piel:

Un papel enérgico.
El tejido adiposo blanco, y en particular el tejido subcutáneo, constituye así la reserva energética más importante del organismo. Tras el proceso de lipogénesis, allí se almacena energía en forma de triglicéridos, que servirán como fuente de energía cuando se agoten las reservas de hidratos de carbono.

Sistema endocrino y apetito

Una función endocrina.
Los adipocitos blancos secretan hormonas directamente vinculadas al sistema nervioso central. En particular, secretan adipocinas como la leptina, a menudo denominada «hormona de la saciedad». En relación con el hipotálamo, de hecho regula el apetito. Los adipocitos también secretan citocinas pro o antiinflamatorias, estrógenos, prostaglandinas y otras hormonas. Estas hormonas juegan un papel clave en la regulación del balance energético.

Un papel de la termorregulación.
El tejido graso marrón es una fuente de calor. Según un estudio de 2014, también sería capaz de quemar calorías.

Una función de apoyo y protección mecánica.
El tejido adiposo protege áreas del cuerpo estresadas mecánicamente, como el arco del pie, las nalgas. También permite el sostén de los órganos.

Los daños colaterales por las limitaciones de la pandemia: la obesidad y la celulitis

Obesidad

Con su gran capacidad de almacenamiento de grasas en forma de triglicéridos, los adipocitos absorben los excedentes energéticos. El tejido adiposo aumenta entonces, tanto al aumentar el tamaño de los adipocitos como al multiplicar su número. Sin embargo, una acumulación excesiva de tejido adiposo está en el origen de la obesidad, definida además por la OMS (Organización Mundial de la Salud) como “una acumulación anormal o excesiva de tejido adiposo que representa un peligro para la salud”.

Pandemia y obesidad como consecuencia

Clínicamente, existen dos tipos de obesidad según la localización del tejido adiposo:

Obesidad abdominal, con tejido graso concentrado en el estómago. Hablamos de obesidad abdominal en presencia de una circunferencia de cintura superior a 94 cm en hombres y 80 en mujeres.

Obesidad ginoide, con tejido graso concentrado en glúteos, caderas, muslos.

Esta distinción no es sólo estética. Es importante para la salud porque dependiendo de su ubicación, el exceso de tejido adiposo no tendrá las mismas consecuencias, particularmente a nivel metabólico y cardiovascular.

La obesidad abdominal, también llamada obesidad visceral, se considera así la más dañina para la salud.

A diferencia del tejido adiposo subcutáneo, el tejido adiposo visceral sí es un importante factor de riesgo cardiovascular y predictor de la aparición de diabetes.

El tratamiento de la obesidad es multidisciplinario -seguimiento nutricional, práctica regular de actividad física adecuada, abordaje psico-cognitivo-conductual, incluso tratamiento farmacológico y si todo esto falla, se puede considerar la cirugía bariátrica.

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Celulitis

El tejido celular subcutáneo está compuesto por células esencialmente adiposas (grasas), fibras y líquido intercelular, nutrido por una red sanguínea, recorrido por finos complejos nerviosos y con un mecanismo de vasos linfáticos.

Existe una clara diferenciación entre el tejido celular subcutáneo femenino y el masculino: en la mujer, las células adiposas se agrupan en el interior de unos receptáculos divididos por tejido conjuntivo y dispuestos en arcos verticales que se fijan en la capa profunda de la piel.

Celulitis tras la pandemia

Los vértices de estas cámaras se proyectan hacia el exterior llegando hasta la capa inferior de la piel.

En el hombre, no solo las cámaras adiposas son de menor tamaño que en la mujer, sino que la estructura de las fijaciones del tejido conjuntivo presenta una disposición horizontal y la piel es más gruesa que en la mujer.

La grasa que ingerimos con la comida se absorbe desde el intestino y es transportada a través de la sangre hasta las células adiposas. Cuando necesitamos energía, los triglicéridos de reserva del interior de las células adiposas son descompuestos (lipólisis) y se liberan los ácidos grasos para alimentar a los músculos.

Cuando las células adiposas no pueden completar su recorrido dentro del organismo se estancan y se acumulan hasta manifestarse en forma de inflamación o celulitis.

Como consecuencia del aumento de tamaño de los adipocitos, la microcirculación venosa y la linfática se hacen más lentas.

Mala circulación y retención de líquidos

Se produce una vasodilatación y la sangre permanece en ellos más tiempo de lo normal, produciéndose una estasis sanguínea (estancamiento venoso).

No es un fenómeno de causa única sino una consecuencia de múltiples factores que predisponen a su aparición.

Los factores que, estadísticamente han sido comprobados como más relacionados con la celulitis son:

Endocrinos. Con los cambios hormonales cíclicos, y en determinados días del ciclo menstrual, se produce un aumento de la acumulación de líquidos de hasta dos litros. Por otra parte, hormonas femeninas como los estrógenos o la progesterona afectan al tejido graso y son responsables del aumento del volumen de las células grasas en zonas localizadas, como las zonas peritrocantéreas (cartucheras).

Genéticos. Son de nacimiento.

Circulatorios y vasculares. Está demostrado que no se produce celulitis si no existe alteración micro-circulatoria. Las mujeres afectadas por la celulitis suelen presentar síntomas de alteraciones vasculares, principalmente de retorno venoso: dolor, pesadez de piernas, cansancio, varices. Si a estos síntomas se une la tendencia genética, la celulitis es segura.

Dietéticos. La celulitis se relaciona con la obesidad, con la sobrealimentación y con algunas costumbres alimenticias: comida rica en grasas o en hidratos de carbono, dulces, abuso de picantes o especies, alcohol…

El tratamiento de la celulitis se ha convertido en la pesadilla de millones de mujeres y también requiere de una acción multidisciplinar, pero en este caso sí que podemos recomendar actuaciones muy concretas para reducir la celulitis que llevan años demostrando excelentes resultados.

Tanto si acudes a una buena profesional de la estética (esteticista), a una clínica de medicina estética o si prefieres actuar a nivel particular, el masaje Masster Plus, con más de 30 años en el sector, sigue considerándose uno de los tratamientos más exitosos y de efecto más duradero, ya que además, al tratarse un equipo de masaje anticelulítico profesional apto para uso particular, puedes realizar los masajes con la frecuencia necesaria (incluso a diario) al contrario de lo que suele pasar con los tratamientos de cabina.

El masaje anticelulítico que puedes realizar de forma sencilla con Masster Plus tienen efectos distintos y complementarios:

 Acción lipolítica: Estimula la circulación, activa el metabolismo de las grasas, evita la retención de líquidos y la formación de nódulos de grasa. El masaje profundo llega hasta el tejido celular subcutáneo.
 Acción antiedematosa: Evita la formación de edemas y facilita la evacuación de los materiales tóxicos retenidos.
 Acción activadora de la circulación: Activa tanto la circulación sanguínea arterial como la circulación de retorno, estimulando y mejorando la microcirculación periférica.
 Drenaje Linfático: Reactiva la eliminación de toxinas, ayuda a limpiar los tejidos del organismo y activa sus mecanismos de defensa.

¿Qué se consigue con este tipo de masaje?

 Aumenta la temperatura de la piel y mejora su estado fisiológico.
 Mejora la circulación periférica, aumentando el movimiento de la sangre y acelerando los movimientos nutritivos y la eliminación de desechos.
 Disuelve las adherencias de los tejidos blandos.
 Disminuye la tumefacción e induración hística.
 Distiende los músculos y tendones contraídos.
 Seda y relaja el sistema nervioso central.
 Puede llegar a estimular o sedar el sistema nervioso periférico, según la técnica aplicada.
 Estimula y relaja la musculatura esquelética, según la técnica aplicada.

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Miles de usuarios del Masster Plus a lo largo de los más de 30 años que lleva en el mercado avalan el hecho de que un buen masaje Masster Plus puede ayudar a las personas obesas a estimular su circulación linfática y sanguínea para reducir problemas de tipo cardiovascular y ayudar a las mujeres que padecen la horrorosa celulitis a deshacerse de ella con un cómodo masaje de 15 minutos al día.

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